Letras Viajeras

Travesía por la Tierra del Hielo: Islandia

A veces creo que el frío de mi alma es proporcional al frío de afuera y es que estoy justo en una travesía por el lugar que siempre soñé: La Tierra del Hielo, Islandia. Hoy miro desde la ventana de esta cabaña y el paisaje se dibuja perfecto, aún con sus irregularidades.

Aunque me encanta lo que veo, no puedo dejar de sentir este sabor semiamargo, esta sensación de insatisfacción. Como cuando haces “lo que no deberías” por lograr lo que quieres (o al menos eso es lo que muchos pensaron cuando les platiqué de este viaje).

Lo que la pandemia nos dejó

Y sin embargo aquí estoy… Y sin embargo no me voy! Justo como dice Caifanes, y es que todos me dijeron que me lo pensara bien antes de tomar ese vuelo, pero ya tenía muchas ganas de viajar, de salirme de mi piel, de huir de todo, y la oportunidad era única.

Esta pandemia nos ha puesto en jaque a todos, pero ya son seis meses de encierro y mi ADN nómada ya me tenía en alerta máxima. Pensé que debía dar el paso adelante y atreverme, no solo a viajar. Y así lo hice…

Mirando el horizonte

Recuerdo que mientras el avión despegaba yo me asomaba por el horizonte magenta y ocre, pensaba en cómo esta era una oportunidad para mirar y escuchar a la Pachamama, volverme consciente de mi huella y vivir por una vez pensando en mí y no en los demás.

Cuando arribé, el aeropuerto estaba prácticamente vacío, y cuando anduve por los senderos húmedos y nevados, los amplios espacios silenciosos me recordaban a Simon and Garfunkel y sus ‘Sonidos del Silencio’:

“En sueños inquietos caminé solo,

Calles estrechas de adoquines,

Bajo la aureola de una lámpara de calle…”

Paisajes de otro mundo

Nada se compara con un escenario nevado, pienso al mirar una vez más por la ventana de esta cabaña. Como me gustaría compartir con todos los que me criticaron estas heladas dunas cubiertas de nieve y los árboles que dibujan formas casi extraterrestres, el contraste con el cálido abrazo de la leña al rojo vivo que tengo a un costado.

Respiro profundo ese gélido aire que me hace sentir vida y muerte, como si fueran amantes haciendo el amor dentro de mi existencia, y al fondo, en el horizonte se asoma la silueta impresionante de un caballo islandés, que mece su cabellera con el viento. Ahora sí, tengo la certeza de que estoy en el jardín nevado del Edén, y nada más importa.

No es casualidad que en este momento suena ‘Ekki múkk’, una epopeya sonora de Sigur Rós y mientras escucho esta frase lloró por la profunda nostalgia:

“Duerme, cuando despiertes yo me habré ido, duerme…

Mira a tu alrededor, encontrarás el camino de regreso a casa…”

El sabor de la Nostalgia

Esa nostalgia que me envuelve desde hace un par de meses se va desvaneciendo, y es que como dije al principio a veces tienes que hacer “lo que no deberías” para conseguir lo que quieres, hasta ahora me embarga esto que probablemente se llame vergüenza o remordimiento, les cuento…

Y entonces todo comenzó

Hace unos 6 meses salí de mi trabajo godín, justo antes de que estallara la pandemia, estaba a punto de entrar al metro Allende cuando una voz robo mi atención, una chica cantaba en la calle mientras sus compañeros de música hacían lo suyo incluyendo los coros, todos débiles visuales.  

He estado en ese lugar mil veces y a pesar de escuchar el repertorio, ninguna voz me había cautivado como esa, le llamaban la ‘novata’ por obvias razones.

Me detuve para apreciar el concierto completo, pensé en seguir mi camino al terminar. Sin embargo, algo me impulsó a acercarme a ella para felicitarla y agradecerle por ese momento, y así lo hice, ella me escuchó y sonrió complacida, después de algunos minutos comenzó a guardar sus cosas, una fuerte lluvia se avecina, me dijo, y se apresuró.

Ella estaba lista para partir, comenzamos a caminar y al notar que íbamos en la misma dirección decidimos acompañarnos, la ayudé con sus cosas, su mochila era más pesada de lo que parecía, platicamos de todo y la verdad es que lo que más me sorprendió fue su destreza para moverse en esta ciudad.

Llegamos al metro Ermita era momento de despedirnos, pero para entonces, no sólo llovía, también granizaba y en un impulso me ofrecí a acompañarla hasta su casa, mi paraguas e impermeable nos ayudarían a llegar al destino y así fue.

Ella me llevó al lado oscuro

Empapados entramos en su casa, vivía sola, al entrar me quedé en el recibidor, mientras ella traía una toalla, entró a su habitación a cambiarse y me pidió que colocará sus cosas en el escritorio de la derecha, después de secarme un poco seguí las indicaciones.

A veces creo que hubiera preferido no acercarme a ese lugar,  coloque sus cosas en la silla que acompañaba al escritorio, éste tenía un cajón pequeño, el cual estaba semiabierto, lo que vi me sorprendió, eran billetes, muchos más de los que yo juntaba cada año, y ni con mi aguinaldo y la tanda.

La curiosidad me tomó en sus brazos, eran tantos billetes que se atoraban en el cajón, las voces en mi cabeza aparecieron contradiciéndose, ¡hazlo!, ¡no lo hagas!, mi lado  más oscuro me quería tomar como rehén, pero me resistía.

Y entonces todo sucedió

Y pues, aquí estoy en Islandia, la Tierra del Hielo. El lugar al que siempre había querido viajar, pero, no puedo dejar de sentir este sabor semiamargo y nostálgico. Este insostenible pesar de estar en el jardín del Edén nevado, mirando… la vida pasar en esta cabaña, mirando las auroras boreales e intentando describirlas a ella, quien me toma de la mano mientras bebemos café y nos calentamos desnudos al rojo vivo de la leña…

Historia a dos plumas por: Yesica Moreno y Jeancarlo Aldana

Foto: Pixabay (Nico Grüter)

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