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Nostalgia, carajillo y un viaje a Playa Paraíso

Viejas costumbres con sabor a mar

Hoy amanecí con un desencanto sobrevalorado y el oscuro deseo de abandonar este asfixiante encierro. El tic tac del viejo cucú que compramos juntos fue taladrando mi ser hasta que a las 4:57AM yo estallaba entre nostalgia y viejas costumbres con sabor a mar. Esas que te llevan a caminar descalzo entre la arena y la brisa marina en busca de los primeros destellos luminosos del día. A esa hora se me antojo un carajillo y un viaje a Playa Paraíso, como en los viejos tiempos.

La cruda realidad

Mientras calentaba el agua, reflexionaba que cuando inició esta malévola pandemia, nadie podía imaginar la pesadilla en la que estábamos entrando todos… Al menos mi pesadilla personal era bastante básica, terrenal y hasta carnal, pues aquellas tardes de carajillo que solíamos compartir ella y yo, al son de Cigarettes After Sex, perdieron su encanto en la paranoia por salvar el pellejo.

La extraño, me hace falta su compañía, sus labios magenta, su sonrisa morena, su sentido del humor taladrante, sus montes y secretos que me susurraba al oído mientras nos leíamos en Braille, su aroma a brisa marina, café y cardamomo.

Nada más seductor que el sabor de un carajillo fusionando nuestros labios; “que nos lleve el carajo y se acabe el mundo, pero bésame una vez más”, le decía siempre. Y pasó, se sentía como el fin del mundo, pero ese nuevo beso no llegó…

La quiero llamar, pero ya ni me contesta los mensajes. La última vez que nos amamos, también discutimos, ya lo hacíamos muy seguido. No puedo creer que se molestó porque nunca terminé de contar la historia del origen del carajillo, y a quién le importaba después de todo, solo era un pretexto.

Lo último que me dijo fue: “Ya no te reconozco, no quiero tus intrigas cerca de mí, tengo mis propios demonios para lidiar, al carajo!”, a mí se me hizo fácil hacerme el maduro postmoderno y solo contestar: “pues al carajo!”…

Cigarrillos después del sexo y el apocalipsis

Ella se fue, la maldita COVID-19 llegó y mis días dejaron de ser el paraíso terrenal. Ya nada era lo mismo, ahora la letra de ‘Apocalypse’ tomaba sentido ¿Ese Greg González era vidente o qué diantres? Esas palabras resonaban en mi razón una y otra vez: “Has estado encerrado aquí para siempre y no puedes decir adiós”.

Encendí el último cigarrillo del paquete y miré al alba, sus destellos me susurraron su nombre, cerré los ojos y podría jurar que ahí estaba a mi lado, imaginaba mis manos recorriéndola, sus húmedos recovecos seduciéndome, imaginaba tanto ese aroma suyo, imaginaba más…  

Serví un café bien cargado y tomé las llaves del auto, sólo era cuestión de unas horas para estar en Playa Paraíso. Iba convencido de que esa palapa me haría sentir un poco más cerca de ella, o al menos lo intentaría, todo era mejor que esas largas y nostálgicas noches desde que se fue.

Un viaje al ombligo del mundo

Tome la Autopista del Sol y mientras sonaba fuerte ‘Heavenly’:

“Now you’re above, feeling it still

Tell me it’s love, tell me it’s real…

Touch me with a kiss, feel me on your lips”

Y si, díganme imbécil, pero yo juraba que ella podía escucharme y cantaba conmigo.

Me tomé mi tiempo, llegué durante el sol de mediodía, ya sentía los estragos en mi ser, el calor me derretía y ese pueblo guerrerense de Hacienda de Cabañas estaba casi desierto, me dirigí al embarcadero donde muchas veces reíamos juntos con las bromas de Don Germán, él nos conseguía de todo, ese pescado a la talla, los tamales de barbacoa con hoja de plátano, los tacos de iguana y hasta el memorable aporreadillo costero de su esposa.

Temí preguntarle si te había visto, no lo hice, no tenía ganas de explicarle que te habías ido, ese don siempre era muy metiche. Le pedí que me conectara un poco de hierba, necesitaba algo más fuerte que sus famosos carajillos para pasar el rato en la playa que juntos bautizamos como el Ombligo del Mundo, porque ahí se juntaba la majestuosidad de todos los elementos; tierra, viento, agua y el fuego sensual que tú y yo encendíamos.

El origen del Carajillo

Recuerdo cuando le contaba la leyenda del carajillo mientras ella se limitaba a mostrarse luminosa a punto de dormir, desnuda y recostada en un rincón de la casa de campaña, sonriente, siempre sonriente. Le inventaba historias distintas, la hacía reír, pero lo que ella no sabía es que nunca recordaba la anterior, solo hablaba para hacerla sonreír.

Ese aroma a mar y ese brillo universal al que me aferraba en recuerdos eran parte del pasado. Ya solo podía pensar en fumar hasta perder la razón, y lo estaba logrando. Me sentía tan elevado que ya ni la gravedad me afectaba.

Me recosté a la orilla del mar, quería llorar, en verdad lo quería, pero estaba seco por dentro. Cerré los ojos en el momento en que el cielo estalló en miles de tonalidades ocre, magenta y cyan, me dejé ir mientras sonaba ‘Pain’ de The War on Drugs y justo cuando cantaba

“I was staring into the light

When I saw you in the distance

I knew that you’d be mine

Am I moving back in time

Just standing still?”

Carajillos y flatliners

Sentí que todo lo roto que tenía por dentro ya casi no dolía, inhalé profundo y juro que sentí su aroma a cardamomo, su calor recorriéndome, pude saborear sus labios impregnados de carajillo, no quería abrir los ojos, eso era el paraíso una vez más. Y me decía “abre los ojos, despierta, aquí estoy, regresé, no te vayas todavía, no seas cobarde…” Lo repetía, cada vez más fuerte ¿Cobarde yo? Pensé, si tú huiste.

Abrí los ojos y la luz era intensa, sentí tus labios y miré una silueta parecida a ella. Me abrazó y soltó a llorar, hacía mucho que no la veía llorar, pero estaba tan drogado que no estaba seguro de que todo fuera real o una alucinación.

Y entonces cuando todo fue más claro me contó la historia de cómo me había ido a buscar porque había soñado mi muerte ensombreciendo la belleza de Playa Paraíso. Entró unas horas antes en el depa de la Narvarte, ese que fue nuestro refugio por tanto tiempo.

Había leído la carta que le dejé y salió a mi encuentro en ese Ombligo del Mundo personal. Me había salvado una vez más, entonces la abracé y al fin pude llorar. Luego me dio una cachetada y mientras tomabas mi mano me preguntó, “¿y ya sabes por fin el verdadero origen del carajillo?”, sonrío entre lágrimas.

Yo sólo suspiré y le dije lo único que sabía de cierto: «Durante la guerra cubana, los españoles tomaba ron con café, para que les diera coraje y le decían corajillo», tú me miraste incrédula como siempre y volviste a sonreír, “siempre con tus fantasías”. Esta vez te había dicho la verdad, nos tomamos de la mano y el crepúsculo se desvanecía, ya nada importaba, habías regresado…

Texto y Foto: Jeancarlo Aldana
Instrucciones sugeridas de lectura. Mientras lees puedes escuchar esta banda sonora…

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