Trivia de Gabiscuits
Letras Viajeras,VI MAGAZINE,ViMagazine

Conoce las tres historias conmovedoras que ganaron la Trivia de Gabiscuits

Es tiempo de conocer las tres historias conmovedoras que ganaron la trivia de Gabiscuits que realizamos hace un par de semanas con la emprendedora y artista visual Ana Gabriela Montiel. Te seguimos invitando a participar en nuestras siguientes trivias, pues siempre pensamos en la manera de compartir contigo en el programa Vi Magazine

Trivia de Gabiscuits

“Sushi” mi eterno bebé 

Por Michel MI

Conocí a Sushi hace nueve años cuando estaba cursando el primer año de secundaria, yo no creía en el amor a primera vista hasta que lo vi a través de la ventana de mi carro camino a casa.

Lo vi paradito en un camellón cerca de la carretera mirando para todos lados, desesperada le dije a mi mamá rápidamente que había visto un perro chiquito, blanco y perdido, le pregunté si podíamos bajar a rescatarlo, y ella contestó dando la vuelta al carro. Fuimos por él. 

Así fue como comenzó nuestra historia. Sushi es mi eterno bebé, a pesar de que ya tiene muchos años sigue teniendo el mismo ánimo que cuando lo recogimos, es un perro bastante alegre y le encanta el pan tostado. La razón de su nombre es porque mi comida favorita es el sushi y él es blanco como el arroz. 

Una anécdota graciosa fue cuando se lo dejamos a mi abuela para que lo llevara al veterinario, luego de varias horas me llamó al celular para decirme que no lo encontraba en ninguna parte de la casa, creía que se había escapado.

Me asusté demasiado y en el camino a su casa me puse a hacer un volante para difundirlo en redes sociales, ahora que recuerdo hasta le di mi número al taxista por si lo veía. 

Antes de empezar a gritar por las calles y tocar todas las puertas para preguntar por él, me pareció buena idea buscarlo en la casa, porque sé que le gusta esconderse abajo de los muebles. Efectivamente… Estaba abajo de la cama de mi abue bien dormido. El alma me volvió al cuerpo.

Trivia de Gabiscuits

Pochako

Por Nancy Hernández

Fue en el año 2005 cuando viví una de las peores experiencias en mi vida, la ruptura de mi familia, con ello dejé todo lo que en ese momento me hacía feliz; la ciudad en la que vivía, mis amigos, mi carrera, mi novio, en fin, todo.

Nos mudamos a Xalapa, con todo el dolor en nuestros corazones, mi mamá, mi hermano menor y yo, no era tan nueva la situación, puesto que ya habíamos vivido en esa ciudad, sólo que ahora éramos tres integrantes y no cinco.

Después de instalarnos en nuestra casa y empezar a vivir nuestros días normalmente, visité a mi mejor amiga de la secundaria y he ahí donde comenzó nuestra historia al lado de Pochako.

Lo tenían a él y a sus hermanas en una pequeña caja, cumplían dos meses de nacidos y buscaba familias responsables para ellos. Fue amor a primera vista, mi amiga lo llamaba “vaquito” porque era blanco con manchitas negras, era tan pequeño, bueno en realidad casi siempre fue pequeño, ya que era un perrito de raza ‘Ratonero’.

Mi mamá dejó que lo lleváramos a la casa para que alegrará un poco nuestra vida y olvidarnos de todo lo que ya habíamos vivido. Nuestros días transcurrían jugando con él, queriéndolo y consintiéndolo, le adaptamos su casa para dormir, le compramos juguetes y los llevamos al veterinario para comenzar con las vacunas.

Un día nos dio un gran susto, lo encontramos comiéndose el veneno que mi mamá había colocado para combatir una plaga, sentimos que no sobreviviría, pero era un perrito muy alocado, fuerte, valiente y obediente, la libró. 

No hubo necesidad de entrenarlo, él hacía sus necesidades en un solo lugar, defendía a mis sobrinos cuando mi mamá jugaba a pelear con ellos. Intentamos que tuviera hijitos con una perrita muy guapa igual que él, pero nunca quiso, solo quería jugar y que ella lo «persiguiera».

Después de estar un año viviendo en Xalapa, mi mamá decidió regresar a Puebla con mi papá, así que se fueron todos y se llevaron a Pochako, yo no lo podía cuidar, ni mantener, lo veía en vacaciones.

Cuando él tenía 9 años de edad, un mal día empezó a enfermar, mi mamá lo llevaba  al veterinario y unos días parecía estar sano y luego otra vez recaía, le hicieron una resonancia y el diagnóstico fue “insuficiencia renal”, ya no había mucho que hacer.

En el mes de diciembre de 2014 su salud empeoró, ya no se levantaba ni a comer, la mañana del día 31 mi mamá lo llevó al médico para dormirlo y que no siguiera sufriendo, pero, cada vez que lo llevaba, él se levantaba a jugar y caminar, entonces, el veterinario se resistía a llevar a cabo el procedimiento, y decía «no puedo dormirlo, mírelo».

En la cena de Año Nuevo él ya se encontraba agonizando, quería morir en su casa con los suyos, fue un gran sufrimiento para todos, quién haya pasado por esto entenderá el tormento que se vive al verlos así, tan indefensos, sin poder quejarse, despedirse o agradecer por todo lo vivido.

Al amanecer del Año Nuevo dio su último suspiro y así, tristemente nos despedimos de nuestro gran POCHAKO, mi papá lo sepultó en el patio de la casa, justo al lado de su casa de madera y en ese pedacito de tierra meses más tarde creció un arbolito. Nosotros creemos que es nuestro Pochakito!!!

Trivia de Gabiscuits

El regalo perfecto

Por Sofía Gamer

Yo no creía en el poder que tiene una mascota en tu estado de ánimo, ese del que habla la gente, pues todos mencionan el bienestar que les provocó su perro o gato desde que lo conocieron, hasta que conocí a “Coco” mi schnauzer.

Llegó una tarde soleada, justo un mes después de que mi abuelo falleciera, mis padres creyeron que era una buena idea regalarme un perro, luego de varios años pidiéndoles uno, y de los días tan tristes y desolados que estábamos viviendo.

Verlo salir de la caja con su moño azul derritió mi corazón y se lo robó para siempre, vivió catorce años con nosotros, lo conocí cuando apenas tenía diez, me acompañó como mi fiel compañero y mejor amigo durante todos mis años de estudiante, celebramos juntos mi primer empleo y pensé que estaríamos juntos muchos años más.

Me ofrecieron ser parte de un equipo para viajar a otra ciudad para abrir una nueva sucursal de laboratorio en donde trabajaba, sólo debía irme un año para echarlo a andar y regresaría a mi ciudad. 

Decidí dejar a “Coco” en el lugar que siempre había vivido, ahí, en la casa de mis papás, hablé con él y parecía que me había comprendido y que hasta estaba alegre por mi. Sin embargo, cuatro meses después mi mamá me llamó para decirme que lo había encontrado sobre mi cama, pensó que estaba dormido, pero no fue así, ya no respiraba más. 

El shock fue difícil, pero los días, meses y años sin él lo han sido más. Me arrepiento de no haberlo llevado conmigo, pero siempre lo recuerdo con cariño. Aún sigo creyendo que fue el regalo perfecto que la vida me dio.

También puede gustarte...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *