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Whistler, un lugar de ensueño

Caminando sobre las nubes

Fue después de un largo suspiro, tras algunos minutos de mirar todo el panorama, cuando por fin se dio cuenta que ¡Era verdad!, estaba parada en ese sitio que tanto había soñado. Años antes había escuchado por primera vez el nombre de ese mágico lugar: Whistler, aunque en ese momento jamás pensó que tiempo después se encontraría ahí haciendo realidad un sueño más, tachándolo de la lista de los lugares a los que quería viajar.

Memorias de un sueño

Han pasado diez años desde que realizó este viaje, y al cerrar los ojos es como si prácticamente pudiera volver a vivirlo, sintiendo ese helado, pero atractivo frío, y el aroma de la nieve alrededor.

Había escuchado que visitar Whistler podía resultar encantador en cualquier momento del año, pero ella estaba segura que, para quienes nacen en un clima cálido y no tienen la oportunidad de ver la nieve tan a menudo, estar ahí en invierno -sobretodo en Navidad- podría resultar simplemente mágico.

Era la primera Navidad que pasaría lejos de casa. La primera ocasión que no disfrutaría de su familia en estas fechas tan especiales, pero también la primera vez que tendría la oportunidad de esquiar en un lugar tan sorprendente.

Las horas eternas

Las dos horas de camino, desde Vancouver, le parecieron eternas; se sentía como cuando de niña iba de viaje a la playa y preguntaba casi cada cinco minutos si ya iban a llegar.

Amor a primera vista

Bastó poner el primer pie fuera del autobús, y dar un pequeño vistazo alrededor, para enamorarse por siempre.

El sol, que en realidad no se veía, pero brindaba la claridad para saber que era de día, estaba a punto de ocultarse y dar paso a la inmensidad de la noche que, entre aquellas montañas, resultaba algo prodigioso.

Apenas se había instalado en su cómoda habitación, y sin perder el tiempo, salió a dar un recorrido por el pequeño “pueblo”. Aunque la vista desde su habitación era increíble, lo que fuera del hotel le esperaba, resultaba casi indescriptible.

Las maravillas nevadas de Whistler

Abrigada como nunca antes, con sus botas para nieve, la bufanda y guantes comprados para la ocasión, recorrió las pequeñas callecitas que podían hacer sentir a cualquiera como dentro de una típica película romántica navideña.

Todas las ramas de los árboles (sin hojas) estaban decoradas, además de naturalmente por la nieve,  con pequeñas series de luces de colores, y de algún lugar, apenas perceptible, diferentes notas musicales la acompañaban a lo largo del camino. A uno y otro lado se podían observar pequeños restaurantes, pubs y tiendas de recuerdos para todos los visitantes.

Durante el día o la noche, la magia del lugar la envolvía minuto a minuto, esquiar, hacer snowboard, salir a cenar o simplemente caminar bajo los pequeños copos de nieve que caían, hacían que –por momentos- valiera la pena estar lejos de los suyos, pensando y prometiéndose firmemente volver, algún día , acompañada de su familia.

Una promesa…

Así, este lugar que alguna vez fuera sólo un sueño, se había convertido en la promesa de un breve camino por nubes de algodón que, en Whistler, eran formadas por nieve…

Texto y Fotos: Karla Bonastre

whistler lugar de ensueno 1Karla Bonastre es Licenciada en Comunicación y viajera apasionada de la literatura y la buena comida. Veracruzana de nacimiento, pero nómada de la Aldea Global. Editora de la revista El Recetario del Chef y colaboradora de Vi Magazine. Le gusta tomar su café veracruzano de altura, muy caliente y con bombones…

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