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Cubanos modifican hábitos ante coronavirus

LA HABANA, 31 mar (Xinhua) — Gregarios, bullangueros, amistosos… de la noche a la mañana los cubanos han visto cambiar sus hábitos sociales ante el empuje nefasto de la epidemia del nuevo coronavirus, que en la isla se ha cobrado seis vidas y ha contagiado a 186 personas.

Bajo el tórrido sol caribeño, los cubanos ofrecen ahora un espectáculo insólito pues casi todos utilizan mascarillas de diversos orígenes y colores, pero con el mismo objetivo de protegerse de la mortal infección.

Desde el presidente Miguel Díaz-Canel hasta la más humilde de las personas utilizan las mascarillas, que en la isla llaman nasobucos, para salir a la calle o tomar el transporte público, donde su uso es obligatorio y hasta controlado por las fuerzas policiales.

«En estos últimos días el cubano se ha adaptado a proteger un poco más su vida debido a la pandemia», dice a Xinhua el chofer Fernando Díaz, un moreno cuarentón que maneja un ómnibus de turismo y que por estos días está en casa y sin trabajar ante la prohibición de entrada a la isla de vacacionistas extranjeros.

Díaz y su esposa hacen fila para comprar alimentos en una tienda estatal, donde las personas mantienen una distancia de un metro entre cada uno, como recomiendan las autoridades sanitarias, pero la gente no deja de conversar, incluso entre desconocidos.

Antes de entrar a la tienda, todos tienen que lavarse las manos con una solución de agua clorada y limpiarse la suela de los zapatos sobre un pedazo de tela con cloro, como precaución para hacer mínimos los riegos en los lugares a los que aún acuden muchas personas.

Esa normas de limpieza, la separación entre las personas, el uso de las mascarillas y hasta la nueva costumbre de saludarse de lejos o chocando los codos flexionados, son nuevas rutinas sociales que marcan estos días de pandemia y que algunos consideran que llegaron para quedarse en la cotidianidad de la isla.

«Son medidas positivas que yo creo que deberían quedarse», dice Díaz, aunque asegura entre risas que extraña abrazar y besar a sus amigas y amigos.

En ese sentido, señala con resignación que hay que acostumbrarse a que el saludo sea de lejos, porque, afirma, va a predominar la voluntad de los cubanos de proteger su vida y la de la familia.

El Gobierno no ha decretado de manera oficial una cuarentena general, aunque ha recomendado que las personas permanezcan en sus casas y que solo trabajen los imprescindibles y quienes pueden hacerlo mediante el llamado tele-empleo.

Además, universidades y escuelas están cerradas durante un mes, los espectáculos culturales y deportivos están suspendidos y la entrada al país está permitida solo para los residentes, por lo que se aprecia una evidente disminución en la circulación de las personas por las calles.

Ahora están prácticamente desiertos lugares muy céntricos de la capital, como La Rampa, en el Vedado, o el Paseo del Prado, en La Habana Vieja, donde antes era habitual ver un constante ir y venir de personas.

En algunos barrios, solo es posible ver en la calle a los dúos conformados por médicos, enfermeras o estudiantes de Medicina, que visitan las casas para investigar si hay alguien con síntomas gripales o explicar las medidas de precaución que deben adoptar las familias.

«Los hábitos sociales se modifican de manera acelerada como resultado de la comprensión del desafío que representa el nuevo coronavirus y de la sistemática atención que le da el Gobierno a prevenirnos a todos de esa enfermedad», explica el sociólogo y filósofo cubano Darío Machado.

El también profesor universitario asegura que la proverbial sociabilidad de los cubanos «volverá cuando pase la pandemia», pero señala que van a cambiar hábitos que son básicos, y prácticas también que tienen que ver con las instituciones.

En ese sentido ejemplifica con la constante desinfección del transporte público que ahora se realiza o con el hecho de que las personas son mucho más racionales en el consumo.

«Estamos obligados a ser mucho más racionales desde el punto de vista económico y desde el punto de vista de nuestros hábitos de consumo que, aunque hemos tenido grandes carencias, también en algunos casos no hemos sabido siempre utilizar de la mejor manera lo que tenemos», subraya el académico de 74 años.

La visión teórica de lo que hoy sucede en Cuba explica la nueva forma en que los cubanos se están relacionando ante el reto de la pandemia, una enfermedad que no solo mata, sino que incluso modifica los hábitos de vida de todos.

Por Raúl Menchaca

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